Estación de Sevilla

Dirección: Avenida de Italia, 36
Con el viejo traqueteo de la locomotora, con nostálgicos escapes de vapor, se terminó la construcción de esta onubense Estación de Sevilla antes de concluir el siglo XIX, en pleno apogeo de los tiempos del progreso.
Por Real Orden de 17 de julio de 1858, se autoriza a Carlos Lamiable para llevar a cabo proyecto de ferrocarril, sin embargo, no se sería ejecutado hasta 1877 por la sociedad privada creada por Guillermo Sundheim y Doetsch. Se convierte así en el primer ferrocarril levantado por manos privadas. Fue inaugurado en marzo de 1880. Hoy podemos contemplar la Estación de Sevilla del año 1888, erigida en estilo Neomudéjar de gran sabor andaluz.
Una emocionada, casi delirante, población acababa de ver inaugurar la línea férrea Huelva-Sevilla, por ello su curioso nombre “Estación de Sevilla”, de modo que, ya desde ese 1880, la ciudad contaba con ferrocarril, con el objetivo de ofrecer una apropiada conexión con el ingente tráfico de personas y material minero procedente de Río Tinto. De este modo empezaba, pujante y agitada la vida de la modernidad.
La arquitectura de la Estación también respondía a su momento, el interés durante el siglo XIX por los estilos arquitectónicos de otras épocas. Esta nueva tendencia tenía raíces muy diferentes: se podía hablar de renovación y revitalización religiosa, de identificaciones con un pasado histórico, de evocaciones mitificadas por sentimientos románticos, pero también de búsqueda de un estilo que abriera nuevos caminos a la crisis que había comenzado con el abandono del modelo clásico, comenzaba así la época de los HISTORICISMOS y dentro de él,el neomudéjar al que pertenece la estación, y que es posiblemente el historicismo que mejor se identifica con lo genuinamente hispano y andaluz.
No sólo se construyó la estación principal de Huelva, a ella le siguió y con el mismo estilo el resto de apeaderos y terminales de la línea, muy del gusto de su promotor, el empresario alemán Guillermo Sundheim, por entonces uno de los principales artífices e impulsores de la actividad económica y sociocultural de la ciudad.
Sundheim eligió como constructores a los ingenieros Jaime Font y Escolá y Pedro Soto, quienes proyectaron un edificio con dos torreones laterales de mayor altura y volumen que el cuerpo central, que sobresale ligeramente hacia el exterior (1875-1888).
